Aprendizajes del fracaso
La sociedades son un pacto que nos unen como individuos que tienen un horizonte a lo mucho parecido, y nos sacan el potencial más alto. Porque dos, tres, cuatro, son mejor que uno solo. En equipo logramos objetivos mucho más grandes, eso es un hecho. Pero no podemos ser equipo de todos, y es necesario ahondar en la visión de los otros individuos.
Esta es una compilación de tres aprendizajes puntuales de ‘lanzarme al agua’, crear un emprendimiento y luego separar la sociedad
1.El ritmo
Mi pensamiento de ingeniero y una cantidad de información consumida, me llevan a pensar que una empresa podría ser como un motor de combustión, donde si logro sincronizar perfectamente cada pieza en su lugar, agregando chispa, combustible, comburente, y un aceite que lubrique las piezas, lograré andar 30.000 o 50.000 km sin “meterle mano”. Las empresas no son así, porque su capital más importante son personas. Somos piezas que se deforman y cambian con el tiempo, así que debemos ser tratados como tal, y tenemos diferentes ritmos en diferentes momentos del tiempo. Sin embargo, no somos del todo inentendibles y los elementos para lograr un ritmo correcto son primero el dialogo abierto y segundo los compromisos. El dialogo, por parte de nosotros como lideres nos da un contexto mucho más amplio que es muy útil para solucionar problemas. Por último los compromisos son necesarios y deben ser resultado del dialogo inicial, y corregidos por la misma vía las veces que sea necesario. Éstos compromisos deben ir de parte y parte, complementados con las acciones del aprendizaje tres.
Become a member 2. El Exterior
Todos giramos al rededor de varios contextos, y debemos ser entendidos como ese cumulo de cosas. Los productos están en un mercado, las fábricas dentro de una ciudad, y las personas por supuesto, dentro de una vida. Me gusta la idea de que las empresas están diseñadas para afectar ese tipo de contextos. El riesgo es que esos contextos también afectan a las personas y por tanto a las empresas. La mejor forma que puedo sugerir para que el entorno afecte a la empresa de la manera mas controlada posible, es la transparencia en el dialogo, los datos, la iteración y la negociación en todos los aspectos. Es muy fácil dejar crecer la maleza dentro de una organización, por lo que conviene constantemente estar limpiando toda esa incertidumbre. Creo en una frase de Alejandro Gaviria que dice: “no conviene la pasividad reflexiva (quedarse en el mismo sitio), pero tampoco la actividad irreflexiva (correr sin dirección).” El equilibrio entre estos dos nos da un mapa para construir una ruta seguir, y una visión cercana para ver los problemas que vienen del exterior y por supuesto trabajar en ellos.
- El emprendimiento como fín
Emprender -como muchas cosas- requiere sacrificio, y los sacrificios son subjetivos. Así que es bueno que estemos dispuestos a realizar sacrificios y además entender que los sacrificios de otros seguramente son diferentes a los propios. Leemos muchas historias de grandes empresarios que dice “Yo dejé de ir a fiestas, y dejé a un lado mis amigos por triunfar y lo logré”. Sin embargo, estoy seguro que también hay historias de personas que dejaron de ir por cervezas con sus amigos y no triunfaron. Así pues, he decidido ver el emprendimiento como un fin en sí mismo, esto quiere decir que vivo el emprendimiento en el día a día y lo disfruto, me gusta el proceso y no solo el resultado; porque de lo contrario puede ser muy frustrante. Así que, más que construir metas, construyamos sistemas, tengamos hábitos mejorando un 1% cada día en ellos, con esto seguramente habrá resultados. Y aunque “fallemos”, no nos habremos fallado a nosotros mismos y a nuestros ideales. Construyamos hábitos basados en lo que queremos ser, y no solo en los resultados que queremos lograr.
Un emprendedor es un líder y un líder en pensador. Y nada de estos aprendizajes se logran sin visión, una visión que se va construyendo y se va arreglando en el camino, alineando lo más que podamos la visión de las personas con las de la empresa, y alineando el ritmo con los sacrificios y los resultados esperados al emprender. Así que estoy orgulloso de otro “fracaso” más.