Nicolás Gonzalez

El emprendimiento está roto.

Anibal es un analista en un banco muy importante, le dicen un jueves a las 4 p.m: "Esto lo tenemos que sacar de inmediato, nos urge tener este informe para las 7 a.m de mañana". Anibal "se pone la camiseta" y se sienta en su computador a trabajar, lo bueno es que trabaja remoto, desde su casa. Termina a las 10 p.m el informe, tan actualizado como es posible. Tan pronto termina la tarea que surgió de último momento se da cuenta que su hijo llegó del colegio y a penas tuvo oportunidad para saludarlo, y que su esposa se cansó de esperarlo en la cama y se quedó dormida. No es la primera vez que le pasa, lleva años en esa situación, y ni siquiera le pagan esas horas extra porque los corporativos no "marcan tarjeta".

-Voy a montar mi propio negocio, así puedo tener el estilo de vida que mi jefe tiene, sin quemarme tanto- concluye.

Anibal siempre fue un excelente pianista desde niño, cuando toca piano cierra los ojos como si de alguna manera lograra alimentarse de ese instrumento, terminó buscando la carrera corporativa por buscar más dinero. Así que decide seguir consejo de su mentor (su youtuber favorito): "Sigue tu pasión". La vida de un músico profesional top no es precisamente lo que busca Anibal, quiere pasar tiempo con su familia también, así que decide montar una academia. El negocio perfecto.

Le mete $100 a meta ads, consigue su primer cliente, luego el segundo, hasta que ya no da más, y alguien le dice "se ambicioso", consigue más clientes. Su producto es excelente, logra transmitir no solo conocimiento sino pasión por el piano. En el afán de conseguir más clientes, contrata a alguien que le lleve las cuentas del negocio, luego a dos personas que le respondan los miles de mensajes diarios que le llegan a su instagram, luego a más profesores para que lo reemplacen cuando el no puede, porque hay tareas administrativas. ¿Hacia a donde va el negocio? ¿Profit de cuanto? ¿Proyecciones? Anibal sigue siendo un analista. Se da cuenta que tiene una nomina grande que mantener y que él es el capitán del barco. No puede dejarlo caer. Como se imaginará, la historia termina como comenzó. Anibal lleno de trabajo que no quería hacer, en vez de enseñar piano y probablemente igual de quemado que al principio.

Aníbal se dio cuenta de algo doloroso: cambiar de vehículo no cambia el destino si uno sigue manejando igual. El problema no era solo el banco. Era el modelo. Era depender 100% de su tiempo. De su energía.

Fue ahí donde entendió que si quería construir una vida distinta —una verdaderamente libre— tenía que crear sistemas, no solo productos.

Hoy, ese sistema se construye con una herramienta clara: código.

El código nos permite hacer un producto una vez y venderlo muchas veces. Y hoy estamos en la disrupción del código. Hoy más que nunca es importante saber hacer código, y también es más fácil aprender que nunca. La forma en la que nos podemos liberar de la rueda en la que estuvo girando Anibal, es aprovechando este momento para transformar negocios e industrias por medio de IA. Aprendiendo cómo funciona. Aprendiendo como funciona la infraestructura para hacer a la IA parte de ese sistema.

Cualquier "C'level" debe aprender de infraestructura, no hay opción, y así entre más valor generemos con maquinas, mejor vida tendremos y ojalá construyamos empresas para que los empleados tengan esa calidad de vida que merecen porque estan apalancados de IA.