Nicolás Gonzalez

Haz las cosas de todas maneras.

Los recuerdos de pandemia parece que se hubieran ido, las cosas ya no son iguales que antes, pero tampoco somos capaces de entender muy bien por qué. Tal vez vivimos en un momento de tanto estrés que nuestro cerebro decide omitir. Pero de vez en cuando me llegan recuerdos que algunos son muy felices, y otros no tanto. Hoy quisiera recordar uno que me hace más feliz ahora que cuando pasó.

Hubo mucha gente pasando mal, eso es innegable. Pero yo, gracias a Dios pude estar en relativa tranquilidad en mi casa, una que cada vez que crezco y crezco, me doy cuenta que tengo que mejorarla, darle cariño porque hace parte de mi vida, de mi crecimiento, y sin dudas lo he hecho, aunque es la misma casa, se ha transformado y hay que seguirlo haciendo. Como con mi persona.

Become a member La historia que quiero recordar, es de algo “cotidiano” : La pizza. He comido tantas pizzas que su sabor se me hace ya bastante conocido, parte del paisaje gastronómico de mi cerebro, pero hay una que recuerdo bastante su sabor, que escribiendo esto mis glándulas salivales se activan porque conocen y recuerdan su sabor: La pizza hecha en casa en pandemia.

Sin mucho que hacer los días de descanso, y con una cocina que hoy sigue incompleta, decidimos hacer pizza. Nunca lo habíamos hecho. Y no teníamos horno para hacerla. Las infinitas recetas de youtube en ese momento tenían que usar horno. Pero nos arriesgamos a hacerla sin horno, si hubiéramos grabado tendríamos millones de visualizaciones (quien sabe, tal vez no).

Compramos todos los ingredientes, y abrimos espacio en la pequeña cocina, hicimos 5 pizzas personales. Una para cada uno. Mezclamos la masa, la dejamos crecer, nos divertimos con ella (aparentando que sabíamos hacerla). Y nos ideamos con la estufa, maromas para que el fuego llegara uniforme a todo el recipiente (un sartén). Lo logramos. Fueron saliendo una a una las pizzas, que honestamente no esperamos a que salieran las cinco para probar: La pizza más deliciosa y memorable.

Esa pizza no es particular, seguramente mi mejor amigo gastrónomo la hubiera calificado “bien”, porque es nuestra primera pizza, pero no la hubiera catalogado como las mejores y creo que las experiencias y sensaciones son buenas, no por la calidad de las mismas, sino por la calidad de personas ahí. Esa pizza me sabe a calidez, a familia, a fraternidad, a ser yo mismo con mi familia, me sabe a ver a los ojos a mis padres y sonreír, a totearnos de la risa con mis hermanas. Por eso la recuerdo tanto. Y jamás la olvidaré. Y esto sucedio en la cocina que hoy sigue incompleta y “fea”. Con esto me quiero recordar que hay que hacer las cosas igualmente, así nos falten muchas para generar un momento “perfecto”. Cuando lo intentas, los momentos salen perfectos.

Subscribe to my blog