Nicolás Gonzalez

Un nuevo gobierno de izquierda

Esta semana, Gustavo Petro fue elegido como el nuevo presidente que comenzará su periodo el 7 de agosto. He leído a varias personas muy eufóricas y a mi parecer excesivamente optimistas de lo que viene. Por supuesto, también el pesimismo que traen sus propuestas inviables y soluciones de corto plazo.

Este artículo no es más que una posición personal de acuerdo a la información que he podido consumir del ahora nuevo presidente de Colombia, combinado con una serie de conocimientos y experiencias que construyen mi posición política.

  1. Voto Blanco

Mi voto en segunda vuelta —también— fue en blanco. La decisión que en principio consideré inútil, nació del entendimiento que tengo del acto de votar, que es poner de acuerdo a cierta cantidad de personas, y entre todos nos hacemos la pregunta: ¿Quién de estos X candidatos le parece que es el mejor preparado para ser presidente? Mi respuesta simple es que ninguno de los dos.

Lo siguiente en la escala de prioridad, es si estoy de acuerdo con el sistema político que llevó a dos candidatos así —populistas— a esta instancia. Mi respuesta más honesta conmigo mismo es un definitivo no, y la única forma de manifestar esta inconformidad es con el voto en blanco.

  1. Sistemas de apuestas y profecías autocumplidas

Me ha tocado ver, como en redes y en conversaciones, muchas personas votan por “el menos peor”, o decir “yo iba a votar por X, pero eso sería perder mi voto”; pareciéndome así a las apuestas deportivas, donde tengo que dejar a un lado mis aficiones particulares por un equipo, y entrar a evaluar que cierto equipo tiene probabilidad de ganar, e irme con él.

A mi parecer, el sistema democrático no está para eso, así su candidato —o el voto en blanco— se “queme”, su voto no está perdido, porque la conciencia colectiva está cargada de la conciencia individual, y si no fallamos a ella, no le fallamos a la democracia. Las profecías autocumplidas, como el escrito de Gabriel García Márquez, el pesimismo, incluso con pequeñas cosas, puede ser el aleteo de mariposa que desencadena el huracán, para bien y para mal.

  1. Gustavo Petro, un populista más

El cargo de ejecución más importante de Colombia, no es elegido por méritos ejecutivos, sino por vagas propuestas, frecuentemente difíciles de cumplir. El sistema de elección popular es romántico y necesario, pero no el mejor en cuanto a méritos de ejecución. Los políticos que se llevan los méritos son por sus palabras, no por sus acciones, y Petro es una persona que por su trayectoria en congreso y previas campañas, y se debe decir, por su grandiosa capacidad de leer las emociones colectivas, es un excelente y oportuno creador de promesas.

Gracias a su previa alcaldía de Bogotá, donde sus promesas no cumplidas fueron excusadas con un “es que el concejo no me dejó, me hacen persecución política”. Es por ello, que creo que la futura cabeza de la rama ejecutiva, no es un buen ejecutor. Espero, que desde ese momento aquí, se halla despojado de su orgullo y terquedad y lo haga mejor esta vez de presidente.

  1. Gustavo Petro, la representación de los “nadie”

La narrativa de la campaña tuvo esta frase en cabeza, que es bastante importante en términos sociales, y por lo tanto económicos. Se dice que él representa la población históricamente marginada y violentada. Es innegable la forma en que en regiones como el Chocó, celebraron su victoria.

El ambiente optimista que se crea a partir de esto, le da una luz de esperanza y motivación a mucha gente, eso me parece positivo siempre y cuando se entienda que es precisamente eso, motivación que se va con el tiempo. Así se vivió en Bogotá con la alcaldesa Claudia Lopez, que no duró mucho tiempo en decepcionar a sus votantes con, por ejemplo, poner al ESMAD en frente de las manifestaciones, cosa que en campaña prometió no hacer. Es por eso, que es bueno entender las motivaciones y las restricciones que el mismo sistema le pone a los políticos.

  1. Petristas, incoherentes y fanáticos

No todos. Pero al menos una gran y muy escandalosa mayoría, tiende a ser o hacerse ciega frente a hechos irrefutables, y a la existencia de una diferencia política sana. La superioridad moral y fanatismo han llegado a sus mentes de la misma manera, que hace unos años se apoderó de los fieles seguidores de su contrante y enemigo a vencer: Uribe.

Todo lo que no sea Petro, está mal, no puede ser empático y mucho menos correcto. Los tibios son uribistas de closet, excepto si alaban a Petro algunas veces. Probablemente muchos hubieran votado por Petro, si no fuera por sus fanáticos que se creen moralmente superiores, como si la democracia se tratara sólo de ellos.

  1. La esperanza

Los presidentes son la cabeza de la rama ejecutiva, y se tiene el pensamiento que podrían cambiar muchas cosas, y es cierto, su gestión puede hacer grandes cosas, sin embargo, aunque se ponen todas las medallas encima, el país en general es el que sale adelante.

Por ejemplo, es innegable que Álvaro Uribe en sus periodos presidenciales, las métricas del país subieron muchísimo, pero no es necesariamente debido a su excelente gestión, es entre otros muchos factores, también gracias a la inercia que venía tomando el país con el comercio internacional, y el momento mundial. Así que la esperanza recae esta vez por la suma de las individualidades, expresada en una colectividad gigante de 50M de colombianos. Lo que genera Petro además de expectativa, es en parte esperanza y un sano péndulo de la democracia entre izquierda y derecha.

  1. El dialogo político, externo e interno

Si el mensaje es importante, el medio también lo es. Preferí poner aquí en un blog mi pensamiento, antes que ponerlo en Facebook, Twitter o Instagram. La razón es que las redes sociales a mi parecer no están diseñadas para dialogar, y el debate político de ideas, a mi parecer, debe ser un acto profundo, abierto y multidireccional.

Probablemente lo que se vea con tinte político en mis redes sociales, no es demasiado en serio. Prefiero ponerlo aquí y generar conversaciones, antes que polarizar en una red social que está diseñada a mostrar lo que a uno le gusta. Y el dialogo interno, define muchísimo las verdaderas intenciones y posturas políticas, mas allá de la absurda y a veces inútil idea de tener la razón. Que si revisamos todos ese dialogo interno, estamos muchísimo más de acuerdo de lo que parece.