Nicolás Gonzalez

¿Vida mortal o muerte vital? P.1

Ser, hacer y tener

Los dos primeros recuerdo que tenían una calificación en el colegio, con el hacer con porcentaje ampliamente mayoritario. Y sin embargo, habíamos muchos buenos actores que fingíamos amabilidad para que ese % nos ayudara a pasar la materia como tal. El tener directamente no estaba.

Fingir es morir

Creo que es una posición común la que hemos tenido cuando tenemos que fingir que la idea de un jefe tóxico es muy buena. Y parte de tu autenticidad muere. Y si esto pasa en nuestra vida en general, no solo en la laboral, fingimos ser personas adineradas comprando ese carro que lo "demuestra", aunque el 90% se lo debas al banco. Fingimos que un libro nos gusta, y nos forzamos a terminarlo. Y termina por morir nuestra autenticidad. Y esto es carísimo.

Por supuesto creo que los incentivos están puestos precisamente para que eso suceda. Refutar la idea de tu jefe sabes que te traerá consecuencias más negativas que positivas en el corto plazo, pero si eres capaz de ver más allá, de "invertir" en el largo plazo, vas a ver que la valentía de la autenticidad es mucho mejor.

Y para que esto suceda, tiene que haber un planteamiento sincero de cuál es la vida que quieres vivir. Y para esto, muchas veces la pregunta es cuál no quieres vivir. Es muchas veces más fácil responder esa última.

Por supuesto, como desde pequeños estamos acostumbrados a fingir, a actuar de diferentes formas, la autenticidad nuestra se va entre placeres que genuinamente disfrutamos, defectos nuestros y mil voces que nos dicen que debemos hacer.

El mejor amigo aquí es el silencio. Parar. No importa el ruido externo, hay que parar. Parar y pensar si realmente quiero vivir una vida donde una tercera parte de la vida consciente se vaya detrás de un ladrillo de vidrio viendo imágenes que no recordaré en la siguiente semana. Parar para tomar decisiones realmente radicales para no vivir lo que tus padres bienintencionados quieren que vivas. Ni tampoco dejar que los amigos decidan el futuro cada fin de semana. Y menos que tu pareja se convierta en la persona que te sigue criando.

Fingir que no eres la persona que eres o que vienes de otro lugar que te avergüenza, es morir. Hay que tener los huevos —o los ovarios— para aceptar también tus errores y escoger por convicción cuales quieres mejorar. Ahora, esto no es para dejar a un lado las opiniones externas como si no importaran. Esto es para escucharlas con el radar prendido, el radar de tu juicio interno. Eso que escuchas en otras personas o en redes sociales puede tener sentido, pero no necesariamente para mí.

Es imposible escribir sin pensar en un lector. Así que ten en cuenta que es imposible emitir opiniones sin pensar en un receptor. Y esa opinión que están dando, espera un receptor, y los mejores receptores son filtros. "Pónganlo TODO a prueba, pero quédense nada más con lo bueno, y rechacen todo lo malo." 1 Tesalonicenses 5:21-23. Filtra lo que realmente resuena, levanta la voz cuando una opinión quiere pasar por encima de tu persona y forja el carácter para defender aquello en lo que crees, porque vendrán pruebas, incluso de los más cercanos, y aunque eso suene mal, es la bondad más grande que pueden hacerte.


"¿Vida mortal o muerte vital?" Esta aproximación a la vida viene a mis 29 años en un álgido momento del lado de Agustín de Hipona. Y es una forma de pensar si realmente estoy viviendo o sencillamente estoy esperando mi turno para morir. La cita completa es:

"Déjame hablar, pues hablo a tu misericordia, no a un hombre burlón que pueda mofarse de mí. Quizás parezco risible ante tus ojos, pero tú te volverás hacia mí, lleno de misericordia.

¿Qué es lo que pretendo decir, Dios y Señor mío, sino que ignoro cómo vine a dar a esta que no sé si llamar vida mortal o muerte vital?

Y me recibieron los consuelos de tu misericordia, según lo oí de los que me engendraron en la carne, esta carne en la cual tú me formaste en el tiempo; cosa de la cual no puedo guardar recurso alguno."

— Confesiones


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